Día 47, parte I: De Perú a Bolivia, “Uno, dos, tres kilómetros”

Eran eso de las 4:30 AM cuando se prendieron las luces del bus. La muy ilusa preparó los pasaportes creyendo que estábamos en la frontera. “Vamos a cambiar de bus”, dice uno. Nosotros dormidos, agarramos nuestras cosas y bajamos al frío, en el medio de una ruta desolada. “Hay paro, si vamos con el bus nos van a tirar piedras así que debemos ir caminando hacia el otro lado que nos espera otro transporte”, decía el acompañante del chofer. “¿Cuánto hay que caminar?”, le preguntó Tiny. “Uno, dos, tres kilómetros”, contestó y enervamos de ira.

Con las mochilas en la espalda empezamos a caminar cagados de frío y de bronca. Éramos un grupo de turistas yendo a la boca del lobo, sin saber exactamente cuál era el motivo de la huelga ni qué nos iba a deparar.

Durante todo el trayecto nos topamos con rocas enormes bloqueando la carretera, vidrios por todos lados que aparentaban haber sido parte de autos que habrán intentado pasar y no se lo permitieron. Íbamos pasando ante la mirada intimidante de los peruanos que encendían neumáticos y le tiraban piedras a quienes intentaban pasar con algún vehículo, o arreglaban por unos soles el paso. Ya ven, la coima es mundial.

Después de casi dos horas a pata, sin sentir la espalda y ya amanecidos nos acumulamos con todo el resto del grupo y una vez que nos señalaron el bus, nos fuimos a las puteadas por lo que nos había tocado vivir. Nos aliviamos un poco más cuando supimos que a turistas de otra empresa directamente los habían dejado tirados ahí y tenían que llegar a destino por su cuenta.

Resignados y disfrutando el volver a sentarse, nos dormimos lo que nos restaba hasta llegar a la frontera y para ahora sí, despedirse de Perú.

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