Bailar para vivir

«Un aplauso para Maggie por favor!», dice el músico sobre el escenario de The Cavern Club, el famoso y mundialmente reconocido club de Liverpool. Debajo, una señora de unos 74 años mueve sus manos de un lado hacia otro con sus ojos cerrados mientras suena «I Wanna Be Your Man». Su vestido le ajusta la cintura, su pelo rubio batido con el detalle de un moño enorme se mantiene intacto, mientras ella mueve las caderas sin que le importen importar las miradas ni las decenas de celulares que la graban para subirla probablemente a alguna red social. En verdad ella no está allí y tal vez por eso no quiera abrir los ojos y golpearse con la realidad.

Porque en este momento Maggie tiene 20 años, trabaja en un mercado del centro de Liverpool no porque le guste, sino porque su familia necesita ayuda económica. Sin embargo, este último año, parte de sus ingresos comenzaron a desparramarse en The Cavern Club cuando supo de Los Beatles. Se reprocha no haberlos conocido antes y y piensa quiénes de sus parientes o amigos la pueden ayudar a llegar a ellos, pero no.No se le ocurre como. Entonces se consuela con ir a cada uno de sus shows en su ciudad pero a diferencia de las demás chicas de su edad, que se hunden en un grito ensordecedor, ella baila, los mira fijo en silencio pese a saber cada una de sus canciones, y cuando coinciden miradas se le eriza la piel y se le acelera el corazón.

El 3 de agosto de 1963 cae la tarde en Liverpool y antes de salir de su casa, Maggie selecciona cuidadosamente su mejor vestido. Se trata de uno negro de lunares azules que le marca la figura y lo acompaña con unos zapatos con taco bajo que tienen la suela gastada de tanto bailar. Se bate su pelo grueso, se hace un peinado semi recogido y se delinea los ojos en profundidad. Tiene suerte. Una amiga le consiguió los tickets para el show que se agotaron en menos de treinta minutos. Se mira una vez más frente al espejo y le promete a su madre no volver tarde. Cree que será una noche como las otras; no sabe que esta es la última vez que verá a la banda que le quita el sueño en ese escenario donde imagina que solo tocan para ella.

Cincuenta y cuatro años después Maggie ya no trabaja, vive en una situación muy humilde y su familia la tiene olvidada. Desde que murió su marido de un ataque al corazón la desolación y la tristeza la llevaron a aferrarse solo a buenos recuerdos. Es por eso que todavía conserva en un viejo armario su ropa de los años dorados y aquellas prendas que ya no le entran tienen retazos agregados para poder usarlas igual.

Todos la conocen a Maggie. Hace más de veinte años que va cada noche a The Cavern aún sabiendo que ya no es el de su juventud; se remodeló y cambió de lugar. No le importa. Se ve igual y durante al menos una hora baila como si nadie la estuviera viendo. En su cabeza, aún puede sentir el olor a sudor de la gente amontonada en la pista, puede recordar cuando Paul le pasó la mano por la cintura en un guiño de complicidad, escucha los chistes entre Ringo y John en el escenario y hasta puede ver la tímida mirada de George concentrado en sus acordes. Maggie se quedó en esa noche para siempre y esa noche se quedó para siempre en Maggie.

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