Despidiendo a Arrowtown

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Vivimos en el camping, en el auto, en caravan y en un cuarto espejado con vista a las montañas. Agus trabajó desde la oficina y desde casa. Yo limpié casas, hoteles, fui profesora de español, data entry y niñera. Anduvimos Arrowtown de punta a punta, entre montañas, senderos, a pata, en bici y en auto. Miramos más de 20 películas y tres series. Tuvimos nuestros jueves de cabin, nuestras birras y charlas interminables entre amigos que esperamos volver a cruzar. Viciamos tomando helado en “Patagonia”. Adoptamos sin querer una gata obesa que adoramos y apodamos Marmolada. Agus jugó al menos tres veces por semana al fútbol, entre amigos y desconocidos. Tuvimos mucho trabajo y también muy poco. Hicimos números una y otra vez. Ahorramos y viajamos. Aprendimos a contemplar todos los días el lugar donde vivíamos. Vimos la transición de los árboles de verano a invierno. Me quejé por el frío mil veces. Agus fue feliz sintiendo la nieve. Mejoramos nuestro inglés. Cocinamos un montón. Recolectamos y comimos los frutos de los árboles del barrio. Abandonamos al “Apache” con todo el dolor del alma. Jugamos y cantamos con Annie y Tommy. Comimos sushi rico y barato. Amamos estar acá.

Por eso y mucho más es que nos mueve tanto irnos de Arrowtown. Demasiadas personas y momentos hermosisisimos. Pero hay que seguir una vez más porque de eso se trata. Y así entramos en la etapa final de nuestra estadía en Nueva Zelanda, Isla Norte allá volvemos. Porque el final es en donde partimos diría el amigo Chizzo!

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